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THE ECONOMIST
Las ‘govcoins’ aportarán ventajas pero también muchos peligros
Guía para entender el blockchain y el boom de las criptomonedas
Las redes sociales quieren evitar más estafas con criptomonedas.
Monedas digitales Otras Fuentes

The Economist

11/05/2021 06:00Actualizado a 11/05/2021 07:54
El cambio tecnológico está transformando las finanzas. El bitcoin ha pasado de ser una obsesión de anarquistas a una clase de activos de 1 billón de dólares que, según insisten muchos gestores de fondos, debe formar parte de cualquier cartera equilibrada. Hay ya multitudes de operadores intradía digitales que se han convertido en una fuerza sobre Wall Street. PayPal cuenta con 392 millones de usuarios, una señal de que Estados Unidos está alcanzando a los gigantes chinos de los pagos digitales. Sin embargo, la disrupción que menos se ha notado en la frontera entre la tecnología y las finanzas puede acabar siendo la más revolucionaria: la creación de unas monedas digitales estatales cuyo objetivo suele ser permitir que se depositen fondos en un banco central de modo directo, pasando por encima de los prestamistas convencionales.

Estos «govcoins» son una nueva encarnación del dinero. Prometen hacer que las finanzas funcionen mejor, pero también desplazar el poder desde los individuos hasta el Estado, alterar la geopolítica y cambiar la forma en que asigna el capital. Hay que tratarlos con optimismo y humildad.

Las compañías de «plataformas» financieras cuentan con más de 3.000 millones de clientes que utilizan monederos electrónicos y aplicaciones de pago.

Hace más o menos una década, en medio del naufragio de Lehman Brothers, Paul Volcker, antiguo jefe de la Reserva Federal, se quejó de que la última innovación útil de la banca había sido el cajero automático. Desde la crisis, el sector ha mejorado algo. Los bancos han modernizado los rechinantes sistemas relacionados con la tecnología de la información. Los empresarios han construido un mundo experimental de «finanzas descentralizadas» en el que el bitcoin es la parte más famosa y en el que un aluvión de monedas, bases de datos y pasarelas interactúa en diversos grados con las finanzas tradicionales. Mientras tanto, las compañías de «plataformas» financieras cuentan con más de 3.000 millones de clientes que utilizan monederos electrónicos y aplicaciones de pago. Junto a PayPal, hay otros especialistas como Ant Group, Grab y Mercado Pago, compañías establecidas como Visa y aspirantes del Valle del Silicio como Facebook.

La metamorfosis de los bancos centrales
Las monedas digitales estatales o de los bancos centrales son el siguiente paso; sin embargo, introducirán un sesgo particular porque que centralizarán el poder en el Estado en lugar de repartirlo por las redes o dárselo a monopolios privados. La idea de base es sencilla. En lugar de tener una cuenta en un banco minorista, se usará directamente un banco central a través de una interfaz parecida a algunas aplicaciones como Alipay o Venmo. En lugar de emitir cheques o pagar en línea con una tarjeta, se podrán utilizar las baratas «cañerías» del banco central. Y el dinero estaría garantizado por la confianza plena en el Estado, no por un banco falible. ¿Que alguien quiere comprar una pizza o echar una mano a un familiar arruinado? No hace falta que trate con el centro de llamadas de Citigroup ni que pague las comisiones de Mastercard: el Banco de Inglaterra o la Reserva Federal están a su servicio.

Puede que esta metamorfosis de los bancos centrales, que pasarían de ser los aristócratas de las finanzas a ser sus trabajadores, parezca descabellada, pero lo cierto es que ya está en marcha. Más de cincuenta autoridades monetarias, que representan la mayor parte del PIB mundial, están explorando las monedas digitales. Las Bahamas han emitido dinero digital. China ha implantado entre más de 500.000 personas un proyecto piloto de yuan digital. La Unión Europea quiere tener un euro virtual en 2025, Gran Bretaña ha puesto en marcha un grupo de trabajo y Estados Unidos, el hegemón financiero mundial, está creando un hipotético dólar digital.

Las monedas electrónicas estatales obtendrían mejor puntuación, ya que estarían garantizadas por el Estado y utilizarían un centro de pagos centralizado y barato
Una de las motivaciones de los gobiernos y los bancos centrales es el miedo a perder el control. En la actualidad, los bancos centrales emplean el sistema bancario para amplificar la política monetaria. Si los pagos, los depósitos y los préstamos migran desde los bancos hasta unos ámbitos digitales gestionados de forma privada, los bancos centrales tendrán dificultades para gestionar el ciclo económico e inyectar fondos en el sistema durante una crisis. Las redes privadas no supervisadas podrían convertirse en un salvaje oeste de estafas y abusos contra la privacidad.

La otra motivación es la promesa de un sistema financiero mejorado. De modo ideal, el dinero proporciona un depósito de valor fiable, una unidad de cuenta estable y un medio de pago eficiente. Hoy el dinero recibe una puntuación ambigua. Los depositantes no asegurados pueden sufrir si los bancos quiebran, el bitcoin no es ampliamente aceptado y las tarjetas de crédito son caras. Las monedas electrónicas estatales obtendrían mejor puntuación, ya que estarían garantizadas por el Estado y utilizarían un centro de pagos centralizado y barato.


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El bitcoin se caracteriza por ser abierta y descentralizada

Con las monedas digitales estatales, los ciudadanos podrían realizar pagos instantáneos y reducir los tipos de interés por debajo de cero
De resultas, las govcoins podrían reducir los gastos operativos del sector financiero global, que ascienden a unos 300 euros al año por habitante del planeta. Eso podría hacer que las finanzas fueran accesibles a los 1.700 millones de personas que carecen de cuenta bancaria. Las monedas digitales estatales también podrían ampliar los instrumentos de los gobiernos al permitir a los ciudadanos la realización de pagos instantáneos y reducir los tipos de interés por debajo de cero. Para los usuarios normales, el atractivo de un medio de pago gratuito, seguro, instantáneo y universal resulta evidente.

Sin embargo, justamente ese atractivo constituye una fuente de peligros. Sin restricciones, los govcoins podrían convertirse con rapidez en una fuerza dominante en las finanzas; sobre todo, en el caso de que los efectos de red dificulten la opción de mantenerse al margen. Podrían desestabilizar a los bancos, ya que si la mayoría de las personas y las empresas depositan su dinero en efectivo en los bancos centrales, los prestamistas deberían encontrar otras fuentes de financiación con las que respaldar sus préstamos.

Si los bancos minoristas se quedaran sin financiación, alguien tendría que conceder los préstamos que alimentan la creación de empresas. Eso plantea la inquietante posibilidad de que los burócratas influyan en la concesión de créditos. En caso de crisis, una estampida digital de ahorradores hacia el banco central provocaría pánicos bancarios.

Los govcoins podrían convertirse en panópticos para el control estatal de los ciudadanos
Una vez dominantes, los govcoins podrían convertirse en panópticos para el control estatal de los ciudadanos: sólo hay que pensar en la posibilidad de multas electrónicas instantáneas por mal comportamiento. También podrían alterar la geopolítica, al proporcionar un canal para los pagos transfronterizos y alternativas al dólar, moneda de reserva del mundo y piedra angular de la influencia estadounidense. La supremacía del billete verde se basa en parte en los mercados de capitales abiertos y los derechos de propiedad de Estados Unidos, con los que China no puede competir. Ahora bien, también se basa en los sistemas de pago tradicionales, la inercia y las convenciones en la facturación, con lo cual puede sufrir una perturbación en cualquier momento. Los países pequeños temen que, en lugar de utilizar el dinero local, los ciudadanos se pasen a monedas digitales extranjeras y ello provoque un caos interno.

Nueva moneda, nuevos problemas

Un abanico tan amplio de oportunidades y peligros resulta intimidante. No deja de ser revelador que los autócratas chinos, que valoran el control por encima de todo, estén limitando el tamaño del yuan digital y tomen medidas drásticas contra las plataformas privadas como Ant. Las sociedades abiertas también deberían proceder con cautela; por ejemplo, limitando las cuentas en monedas digitales.

Los gobiernos y las empresas financieras deben prepararse para un cambio a largo plazo en el modo en que funciona el dinero; un cambio tan trascendental como el salto a las monedas metálicas o a las tarjetas de pago. Eso significa reforzar las leyes sobre privacidad, reformar la gestión de los bancos centrales y preparar a los bancos minoristas para un papel más periférico. Las monedas digitales estatales son el próximo gran experimento del ámbito de las finanzas y prometen tener consecuencias mucho más trascendentales que el humilde cajero automático.

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De The Economist, traducido para La Vanguardia, publicado bajo licencia. El artículo original, en inglés, puede consultarse en www.economist.com.

Traducción: Juan Gabriel López Guix

 

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Un comentario en «Los Estados preparan sus propias monedas digitales»

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