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El bombardeo, que ha causado la muerte por paro cardiaco a un trabajador civil del recinto, eleva la tensión en vísperas de la llegada del papa Francisco

Una decena de cohetes han caído este miércoles sobre una base militar iraquí que alberga tropas de EE UU y de la coalición internacional que lucha contra el Estado Islámico (ISIS), entre ellos España.

Aunque tanto la coalición como el Estado Mayor de la Defensa español han dicho inicialmente que no había víctimas, fuentes iraquíes aseguran que un “contratista civil” ha muerto de un paro cardiaco -una información confirmada posteriormente por el Pentágono-.

El ataque, el segundo de este tipo en menos de un mes, eleva el nivel de tensión cuando faltan dos días para la esperada visita del papa Francisco a Irak.

“Informe inicial: 10 cohetes han sido disparados contra la base militar iraquí de Al Asad, que alberga a tropas de la coalición, este 3 de marzo hacia las 7.20 hora iraquí (5.20 en la España peninsular). La fuerzas de seguridad iraquíes dirigen la respuesta y la investigación”, ha tuiteado el portavoz de la coalición, el coronel Wayne Marotto.

La base aérea de Ain el Asad, a 160 kilómetros al oeste de Bagdad, es la misma que Irán bombardeó con misiles el año pasado en represalia por el asesinato del general Qasem Soleimani.

Allí está destacada la unidad de helicópteros con la que España apoya a la coalición.

Ninguno de los 70 militares españoles, así como el resto de los miembros de los contingentes internacionales, ha sufrido daños, han señalado fuentes del Estado Mayor de la Defensa citadas por Europa Press. Sin embargo, un civil contratado en la base ha muerto al parecer de un ataque al corazón, según ha confirmado el Pentágono.

Medios próximos a las milicias iraquíes elevan el número de proyectiles disparados a 14 y aseguran en sus canales de comunicación que al menos cuatro de ellos han sido cohetes iraníes Arash.

Las milicias proiraníes en Irak hostigan sistemáticamente los intereses norteamericanos en Irak, pero dado el interés de Irán en que Estados Unidos volviera al acuerdo internacional sobre su programa nuclear, se intuía cierta presión de Teherán para contener sus actividades.

El detalle no es menor, ya que tras el ataque del 16 de febrero contra otra base con presencia de tropas estadounidenses en Erbil, al norte de Irak, que causó la muerte de un contratista filipino, EE UU respondió bombardeando a unidades de las milicias sospechosas de su autoría en la frontera sirio-iraquí.

La operación, la primera del presidente Joe Biden, se interpretó como un ejercicio de equilibrio entre enviar una señal clara a Irán y no cerrar las puertas a un eventual diálogo.
Pero algunas de las milicias no han ocultado su descontento e incluso aireado su voluntad de vengar el bombardeo.

“Este crimen indica que las fuerzas americanas no van a cambiar incluso con el cambio de Administración en la Casa Blanca. (…) Condenamos estas operaciones pecaminosas y no nos queda más elección que preservar la sangre de nuestros hijos en las Fuerzas de Movilización Popular con la salida de Irak de las fuerzas de la coalición, que han pasado de luchar contra el terrorismo a tener por objetivo a las FMP”, aseguraba el lunes un comunicado de la Alianza Fatah, un bloque político con fuertes lazos con Irán, en referencia a la organización que agrupa a las milicias.

Un ataque contra las fuerzas de EE UU en Irak pone a prueba a Biden

El nuevo ataque solo alienta los temores de quienes consideran que la seguridad de Irak supone un riesgo añadido para la visita papal, que va a producirse en medio de la pandemia de coronavirus.
También plantea nuevas dudas sobre el control de Teherán sobre las milicias o, en última instancia, de la voluntad de sus responsables de rebajar la tensión con Washington para reactivar el acuerdo nuclear.

 

EL PAIS

Por laruedaprensa.com

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