¿Mejor solo…

…que mal acompañado? En veces no. Dos actores relevantes, ayer aseguraron que a Guaidó lo dejaron solo. El Padre Virtuoso y Ledezma. Nos preocupa la percepción del primero. No así Ledezma que pudo ser coincidencia. Y realmente desde que Maduro ordenó la incautación de AD y otros partidos hemos observado que Guaidó anda “sin escoltas”. ¿A quién se le reprocha? Esperamos que no al líder opositor sino a sus adláteres en especial el G4+. Aunque reconocemos que Andrés Velásquez ha sido constante. No así el resto. Ni siquiera la cúpula de VP. Mientras tanto Joe Biden invita a su juramentación al embajador de Guaidó en Washington quien ya llevó el flux a la tintorería del chinito. Y aunque se vea como un saludo a la bandera no lo es. Se trata de un mensaje de telemarketing a Maduro. No una amenaza (por ahora). Solo un warning con obligatoriedad de verborrea presencial. No lo dude amigo lector. Somos de los que pensamos que Biden y en particular su Secretario de EstadoAntony Blinken tienen algo convincente en el portafolio. (Not war).

Ayer escuchábamos un discurso de Diego Arria, nuestro apreciado amigo Diego Arria, tal vez poco reflexivo. Decía Diego que Guaidó erró con las designaciones diplomáticas y que debió nombrar a personas meritorias residenciadas en los diversos países. De haberlo hecho se le criticaría privilegiar a amigotes en exilios dorados por encima de quienes se queman las pestañas. ¿Cierto? No hay forma de complacer a todos, pero sí hay un vocablo denominado sindéresis que debería ser común a quienes tienen en común a Maduro como objetivo (target).

Esta crítica despiadada y acerba genera soledad en el alma. La contumacia del verbo puede ser más hiriente que la espada del samuray. Y con amigos así mejor santiguarse. Toda esa catarata de adjetivos de uno y otro “amigo” de Guaidó sintomatiza recrecimiento agudo de amígdalas variopintas con estados febriles de desesperación.

Yo, en los zapatos de Guaidó, intentaría suavizar el lenguaje viperino de profetas demodé. Y que se conozca de tal gestión. El obstáculo es que Guaidó no escapa a la falencia generalizada de cultura comunicacional que afecta a todos los políticos actuantes (sin una sola excepción). De esos que están en el paddock operativo, unos caradura y otros en trincheras soterradas. Y esa orfandad de profesionalidad impide que los vectores de comunicología surtan efecto. Pregúntenle a Juan Barreto que es un científico del arte que tanto impúdico ejerce sin la respectiva credencial de Cuarto Nivel.

  José Angel Borrego



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