Redacción. – Este jueves culminan las respectivas campañas de los futuros diputados a la asamblea nacional en Venezuela.

Felices los partidos políticos y contentos los candidatos. Mientras el pueblo se bate entre comer, sanar o vivir.

En medio de una fuerte crisis social y política se dejan ver camiones perifoneando consignas alegóricas a los candidatos y del porque se debe votar por ellos. En medio de concentraciones se cuentan los pocos, pero suficientes espectadores capaces de difuminar en minutos a un latente e invisible enemigo de la humanidad, el Coronavirus.

Algunos muy pocos optimistas prevén que no será en diciembre, pero seguramente a principios de 2021 se paguen las consecuencias de estas ligerezas políticas.

Estamos fritos. Ese es el sentimiento que manifiesta y expresan la gran mayoría de los habitantes de este país, que no entiende porque se manejó de esta manera el venidero proceso electoral, como si nada estuviera pasando.

Primero una cuarentena radical. Un régimen absolutamente conservador en busca de preservar la vida de todos los venezolanos. 

Las causas que originaron el decreto de cuarentena para los primeros días de marzo de este 2020 siguen siendo las mismas. Es decir, no hay cura para el coronavirus. 

A pesar de esto, el gobierno vista la proximidad de la fecha para sufragar, decidió olvidar un poco las reglas que en precio utilizaban como bandera, basada en una preocupación sin igual por el pueblo y lo efectivo de la decisión del gobierno en decretar el cierre de lugares públicos, comercios, universidades y escuelas. Hoy todo eso se olvidó.



Aquí se pagan y se dan el vuelto. Y la gente cae como la Guanábana redonda sobre la alcantarilla, como dice Juan Luis Guerra.


 



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Por laruedaprensa.com

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